viernes, 25 de junio de 2010

Volvimos, y en fichas! La experiencia del picking... casi el Nirvana!

Queridos amigos! Dios los salve y tenga en la gloria Maradoneana, después de meses de ausencia ha vuelto el blog. ¡Tantas cosas pasaron desde el último post! Argentina clasificó con puntaje ideal… ¡Palermo! hizo un gol y Nueva Zelanda llegó a la tercera fecha con posibilidades de clasificar...
Para comenzar, les cuento que estamos de vacaciones, recorriendo la bella isla sur de Nueva Zelanda. Alquilamos una chatita (sí, vendimos a Fidy Capella que tantas alegrías nos dió) y nos entregamos a las garras furiosas de las compañías de campervans. Cada mañana que nos despertamos aquí dentro se siente como dormir en una lata, algo así como las sardinas (aunque no al extremo del viaje en el subte B, mis estimados).
Ya un poquito más cerca del regreso a la patria, me quiero adentrar en el recuerdo. “Grato” recuerdo podemos decir, de mi paso por las orchards de Jastings haciendo recolección de manzanas y peras. Tan lejos quedó en el tiempo, se me pianta un lagrimón, carajo…
(Locutor de la Aventura del hombre) “Durante los primeros tiempos, los nativos de aquellas tierras se dividieron en cazadores (o machitos) y recolectores (un poco más suave el tema)”…
Seguramente se preguntarán, ¿en qué consiste el picking? Y bueno, la respuesta no está lejos de la obviedad. Grupos de esclavos (trabajadores “seasonal” para el departamento de trabajo de Nueva Zelanda) muñidos de sus canastos (una suerte de balde con un agarre para cruzar por detrás de la espalda que carga 25 kilos) y su escalera trípode (dos metritos y medio), recorrerán incansablemente las filas de la cadorchard para ir sacando la fruta de los árboles. Hasta acá todo bien, pero el trabajo tenía sus dificultades. Recuerdo el comienzo del picking de las Royal Gala (esas manzanas más dulzonas, rojas con tiritas color crema), “viene malo el clima, les está costando madurar”, y la puta que les costó, tanto que hubo tres tandas de picking (o sea, pasar 3 veces distintas por el mismo árbol sacando solamente la fruta madura). Pero no quiero aburrirlos con estos detalles, les explico brevemente para que entiendan. Para el común de los hombres, existe un color de cada tipo, es decir, azul, rojo, blanco, negro, gris. Bueno, para el dueño de la cadorchard, he llegado a contar por lo menos 5 tipos de rojos(púrpura, rojo oscuro, rojo, rojo más clarito, rojito) y 4 variedades de “cremita”. “Tenés que agarrar las manzanas que están rojito oscuro y color crema de fondo”. Claro, para doña Tota que va al super y tiene tooooda la tarde para escoger sus manzanas de acuerdo a su gusto, todo bien, pero nosotros cobrábamos por cajón que llenábamos… mamitaaaaa, es difícil describirles la cara de los supervisores cuando volvían y ya por cuarta vez te decían “mirá que estás yendo muy clarito, te dije que agarraras rojo oscuro…” (en criollo, agarraste las que no estaban maduras, jajajajaja). Pero bueno, tampoco se los voy a vender como que estábamos operando del corazón, picking y chau. Teníamos cosas muy lindas también, eh. Por ejemplo, trabajé con unos chilenos y descubrimos que la mejor descarga para el trabajo físico es putearse. Liso y directo como facón de gaucho, hora y media después de que empezábamos a pickear se escuchaba el primer alarido: “Putooooooo”. Y a partir de ahí no parábamos. Lindos tiempos che. Buena gente estos chilenos. Fue una cagada cuando un día, sin esperarlo, vino la supervisora y nos dijo: “aprendí lo que quiere decir puto…” ¡¡¡chan!!! Jajaja, tuvimos que variar los insultos para que no se enojara.
Trabajé para dos cadorchards, en una recogíamos peras y manzanas y en la otra sólo manzanas. Obviamente que las frutas cambiaron sus nombres para nosotros y pasaron a ser “mierdas verdes” y “mierdas rojas”. Habíamos coformado una “gang” (tipo pandilla) de picking, en la cual estaba Gerrit (alemán), Anne (alemana), Pavel (Checo) y yo. Anne es una chica que ronda el metro cincuenta y cinco, de contextura corporal normal, pero contra todas las apuestas… ¡era la que más cajones llenaba! Andábamos por los 5 cajones por día promedio, lo cual daba un total de 500 dólares semanales, 10 horas diarias. Nada mal…

La banda, con algunos infiltrados. De izquierda a derecha, arriba: Anne, Pavel, Claudia, Tomi, Calino. Abajo: Nina, Sonja, Sam (lo contrataron para hacer “el exorcista 5”) y Gerrit




Como para no hacer picking... miren esta obra de arte de la naturaleza... una pera con forma de culo!!! vi a mas de uno besando frutas en la orchard... laven todo lo que compran!


Diario de un picker

Día 1 – Hoy conseguí trabajo en una orchard, ¡qué lindo! Trabajar al aire libre, entre los árboles, picotear alguna manzana en el camino, hacer ejercicio y que encima me paguen, esto no tiene parangón. Dicen que te pagan 32 dólares por cajón que llenás, escuché que los indios llenan 10 por día, esto debe ser una papita y encima me lleno de plata, ¡gracias New Zealand!
Día 2- ¡Qué bello campo! Lástima el frío de la mañana. Arrancamos y se me mojaron las zapatillas, ¡pero este lugar es precioso! Las montañas de fondo, los supervisores son copados, trabajar con samoanos sonrientes ¡qué lindo es Nueva Zelanda!
Día 4 – Querido diario, te quiero contar que estoy un poco resfriado, no paró de llover en todo el día y se me cayó el balde con las manzanas dos veces. Tengo todos los brazos con cicatrices por las heridas que me hacen las ramas de los árboles y las putas arañas que se me suben a las manos cada vez que agarro las manzanas. Los supervisores me vinieron a retar, hoy no estuvo tan bueno pero de seguro fue un día malo nomás. A la vuelta se nos pinchó una goma y cambiándola me lastimé un dedo. ¡Mañana será otro día!
Día 6 – Las manzanas no estaban maduras y nos mandaron a casa. Espero que no pase muy seguido porque todavía no vi una moneda y acá sale todo en dólares.
Día 10 – Hoy a la mañana hubo escarcha y se me congelaron los dedos. Las mierdas rojas no quieren salir del puto árbol y encima me resbalé de la escalera. El samoana hijodelaputa que tengo al lado hizo como nueve cajones y me robaba todas las manzanas de mi fila. El supervisor me dijo que los latinos somos unos vagos de mierda. No sabe con quien se está metiendo el malparido.
Día 15 – Todo pareció arrancar como un día normal, pero me agarraron meando entre las filas de manzanos y me cagaron a puteadas. Me descontaron la mitad de todos los cajones que hice y me quedaron 40 dólares por ir trabajar hoy. Me parece que me voy a buscar una empacadora…
Día 15 – Querido diario, como sos mi único confidente te voy a contar un secreto… ¡¡¡quiero prender fuego esta orchard de mierda!!! ¡¿¡¿Quién me mandó a recoger manzanas?!?! Mañana me busco trabajo en una empacadora que seguro debe ser más piola. ¡Nueva Zelanda y la puta que lo parió, carajo!


Pequeño diccionario ilustrado del picker

Picker: Esclavo sometido a las vicitudes del sistema de trabajo neocelandés. Enmascarado bajo la figura legal de “seasonal worker” (trabajador temporal), será el encargado de recolectar toda la fruta de la pequeña hacienda (“orchard”, en nueva Zelanda). En su mayoría, son humanos traídos desde islas cercanas como Tuvalu, Samoa, Vanuatu. También los hay latinos y en menor medida, europeos que se quieren divertir.
Contractor: “El garca”, o también conocido como jefe. Es el encargado de subir o bajar el pulgar a la contratación de los pickers. Muerde una astilla (cobra un dinero) importante por conseguir a los esclavos.
Q.C.: Supervisores o Controladores de la calidad. Se dedican a controlar los cajones y que la fruta que el pobre picker recolecta, sea la adecuada.
Mierda roja: Manzana
Mierda verde / amarilla : Pera
Orchard: Lugar adonde no saben que la esclavitud fue abolida por la Asamblea del año 1813. Aunque como esto ocurrió en Argentina, es probable que el alcance no haya sido tan largo. Algunas culturas lo han denominado “la entrada al infierno”. Dicen que cuando cae el sol, se puede ver a Belcebú ingresando a celebrar.
Payslip: Hojita en la que figura la cantidad de cajones “pickeados” y el dinero (que luego uno cambiará por bienes y servicios) a cobrar.
Payday: Día de paga. La única razón para seguir yendo al infierno…



Gerrit y el sentimiento compartido de la orchard... lo hicimos!
Glaciar Franz Josef, no es el Perito Moreno pero no nos podemos quejar...
Feo lugar los Nelson Lakes (Isla Sur)...

Gracias por la magia! hasta la proxima!


Arrivederci!!!

domingo, 28 de marzo de 2010

Nina in the Sky with diamonds (por Nina)

La verdad, me intrigaba un poco qué podría pasar allá arriba. ¿Por qué todos la odiaban tanto? ¿Por qué las uruguayas Leila y Noelia, cada vez que el supervisor Daniel las sorprendía charlando en la línea de las peras y recibían como castigo el dedo índice de Daniel en dirección hacia arriba, se tiraban al piso y lloraban al grito de: “piedaaaaad, a los duraznos no…. Cualquier cosa pero los duraznos nooooo”, mientras Daniel, imperturbable, las arrastraba de los pelos? Ayer lo entendí. Por primera vez, me llevaron a la tan temible “peach house”.

Resulta que ayer la cinta transportadora de las peras se rompió, con lo cual decidieron llevarnos a todos los trabajadores de las peras a la de los duraznos por una hora, mientras se arreglaba el desperfecto. “Por fin voy a saber por qué todos odian tanto la cinta de los duraznos”, pensé despreocupada.

En fila india comenzamos a subir las escaleras. Eché un vistazo y noté el contraste entre las caras inexpresivas, casi de inocencia de aquellos que, como yo, nunca antes habíamos pasado por los duraznos, y la de aquellos otros infelices, como Leila y Noelia que, ya conscientes de su destino, subían los escalones con su vista al piso, como entregados.

La “casa de los duraznos” realmente no me asustó para nada. A diferencia de la de las peras, que sólo tiene dos cintas transportadoras largas en las que se amuchan todos los trabajadores, la de los duraznos consiste en unas diez o doce cintas cortas, en las que sólo caben dos trabajadores por cinta, uno de cada lado. Noté en un primer vistazo que la cantidad de mitades de durazno que pasa por cada una de esas cintas es exponencialmente más alta que la de las peras. Noté también que el ruido de las máquinas de la peach house era agudamente más alto que el de las peras, tanto como para hacer imposible una conversación entre dos personas. Eso no me asustó.


Mamelucos y sonrisas. Evidentemente, estaba por terminar nuestro turno.

“Vos ponete ahí”, me indicaron, mientras me entregaban un elemento parecido a la cuchara dentada que usamos para separar la cáscara del kiwi. Me desplacé hacia la cinta señalada, en la que del otro lado ya se encontraba trabajando un hombre. Se trataba de una persona de procedencia maorí, de unos cuarenta y cinco años mal llevados, con un notable sobrepeso y una mirada cansada, pero bonachona. Al verme llegar, sus ojos parecieron iluminarse un poco, no precisamente por la belleza que exulto con mi mameluco espacial, sino más bien reconfortado por la vista de una presencia humana junto a él.

“¿Qué hay que hacer?”, grité inútilmente, en un inglés sin esfuerzo, ya que imaginaba que iba a serle imposible escucharme. Repetí mi pregunta, esta vez con señas. En señas también, el maorí logró explicarme que con esa cuchara había que sacar las partes podridas de los duraznos. También logré interpretar unos chistes que me hizo en señas, uno en el que me decía que si me quedaba dormida parada me iba a pinchar con la cuchara dentada, y  el otro en el que me mostraba la mejor manera de cortarse la yugular con la misma cuchara. Reí un poco, él también rió. Luego volvió su vista a los duraznos. Su mirada se volvió lúgubre.



Posando con algunos hermanos proletarios...


“Son unos exagerados de mierda. Esto no es tan terrible”, pensé yo inmediatamente, mientras empezaba a buscar duraznitos sobre los cuales poder trabajar.

Lo que sigue es el relato de la experiencia que tuve en una hora que pasé en la casa de los duraznos. Y de cómo logré, sin ningún tipo de narcótico en mi sangre, remontarme en un viaje místico que me dejó al borde de la iluminación… o de la locura:

-          2:05 p.m.: “Al final no entiendo de qué se quejan tanto”, seguía pensando yo, inocente, mientras trataba de rescatar entre los cientos y cientos de duraznitos que pasaban a toda velocidad alguno con alguna mancha marrón que remover. Mi sonrisa seguía intacta, casi burlona, agobiada por un sentimiento de invencibilidad: yo era la única persona que había pasado por los duraznos y realmente no lo había padecido. Probé un duraznito. No estaba tan rico como los duraznos en almíbar, pero bueno.

-          2:12 p.m.: Mi buen humor seguía implacable, a pesar de que empecé a notar que a diferencia de la cinta de las peras, esta se movía mucho más, lo que, al estar apoyada sobre la cinta me provocaba un cierto revoloteo estomacal, no muy cómodo siendo las dos y diez de la tarde, a escasos minutos de haber terminado de almorzar. Decidí ignorarlo y en su lugar tratar de levantarle el ánimo a mi vecino maorí. Le hice un chiste en señas clavando la cuchara sobre una mitad de durazno, lo que le daba la apariencia de una especie de casita de pitufo. El maorí trató de esbozar una sonrisa, creo que para no hacerme sentir mal.

-          2:24 p.m.: El revoloteo en el estómago se empieza a convertir en náusea. Decido alejarme un poco de la cinta, sacando cola. “Esto definitivamente no va a ser bueno para mi espalda”, pienso. Además, ahora encuentro un solo duraznito podrido de cada doscientos más o menos. Por primera vez, bostezo.

-          2:38 p.m.: Los bostezos son incontrolables. Ya ni siquiera busco duraznitos podridos. “Que los agarre el maorí”, pienso. El ruido me está volviendo loca. Mis manos están pegajosas y la espalda me está matando. Necesito sentarme.

-          2:45 p.m.: De lejos logro leer en los labios de un argentino que está en la cinta siguiente una canción que está entonando. Es una canción de iglesia. La canta a todo volumen, como arrepintiéndose de todos sus pecados. Yo no soy católica, así que lo único que atino a esbozar es un: “nananananana Batman, Batman, lídeeeeer”.

-          2:53 p.m.: Encuentro un duraznito con una mancha que juraría tiene la forma de Nueva Zelanda. Claramente distingo en la mancha la isla sur y la isla norte.

-          2:55 p.m.: Encuentro un duraznito con una mancha que se parece a un primo mío.

-          2:57 p.m.: “¡¡¡¡ESE DURAZNO SE MOVIÓ!!!!!! ¡¡¡¡¡SE MOVIÓ!!!!!”, le grito al maorí en un inglés histérico. Con su sola mirada el maorí parece contestarme: “todos se mueven, pelotuda, si están en una cinta transportadora”. – “¡¡¡¡No pero, me saludó!!!! ¿No lo viste??!?!?!?! Dijo “Hello”. GUARDIAS!!!!!!!!!! GUARDIAAAAAAAAAAAS”!!!!

-          3:00 p.m.: Una sombra se acerca hacia mí. Logro distinguir una figura. Parece humana, pero a la vez irradia un fulgor blanco que me llena de una sensación de paz. “El mesías ha llegado”, pienso. De pronto, la figura me habla. “Come on, let´s go back to the pears”, me susurra. Enfoco la mirada. Es Daniel, el supervisor de las peras, que viene a buscarme en su mameluco blanco. Lo sigo, todavía absorta. De a poco, logro volver en mí. Bajo los escalones en silencio, siguiendo la fila india. Esta vez, mi mirada no se despega del piso. Por un momento miro atrás. El maorí me sigue con la mirada. Sus ojos parecen suplicar “por favor, llevame con vos”. No puedo hacerlo, tengo que salvarme a mi misma. “Oraré por ti”, le digo en señas.

 

Este posteo va dedicado a Erick y Eli (foto), incansables trabajadores de la línea de los duraznos. Y para todos aquellos otros caídos en batalla.

martes, 9 de marzo de 2010

¡San se acabó Splach!


Todo concluye al fin, nada puede escapar,

Todo tiene un final, todo termina…


Y sí, san se acabó Splash nomás. El sueño se evaporó, se escurrió como agua entre los dedos, como pedo en una canasta, como pesos argentinos en Nueva Zelanda. De repente me encontré con el final de una etapa, no más empujar gorditos los domingos a la mañana, no más recibir insultos en maorí por pedirle a la gente que no fume al lado de los combustibles, no más manejar el tren mientras el pequeño timmy jocoso en su inocencia prematura, se prepara para devolver al mundo las peras que consumió la noche anterior (ver el capítulo de Nina). It´s over...

Pero no fue tan abrupto, ya que tuvimos una fiesta despedida… ¡¡¡y qué fiesta!!! El último día, el que entre paréntesis puedo decirles fue el “clavo en las uñas” de la temporada, lleno de pandillas y niños ricos, una mixtura de alta combustión en un lugar como Splash Planet. Se los resumo, me pasé todo el santo día en los jeeps que andan a 6 km/h y me cansé de echar boludos porque chocaban. La nota de color la dieron 4 nenitos de mamá, que luego de esperar 45 minutos en la fila (estaba que explotaba) y cansarse de relajar al pobre operador del juego (yo, en este caso), fueron echados en la primera vuelta por un choque absurdo. El último de los adolescentes, antes de irse furioso bajo la atenta mirada del público expectante me dice “estos jeeps andan mal”, a lo que contestó “¿Estás seguro?, me parece que sos vos el que no sabe manejar”, “pero yo saqué el registro y puedo manejar autos grandes”, asevera con su sonrisa burlona, a lo cual yo le respondo: “podés manejar autos grandes pero chocaste con esta mierda que va a 6 km/h, menos mal que el tránsito de Jastings es tranquilo…”.

Sin escala a la partuza, luego de varios juegos grupales, todos con el toqué etílico de fondo (gratis, se puso Mr Splash), fue la hecatombe, la debacle total, una seguidilla de hechos bochornosos que incluyeron a los guardavidas tirándose de cabeza desde los puentes, grupos de terroristas armados escalando los toboganes en sentido inverso a como debe hacerse, en fin, un relajo. Luego de 3 meses de decirle a la gente “esto no se puede hacer, aquello tampoco, atate los cordones que te vas a caer”, se liberó tanta presión, y para qué… En la pista de baile (la pileta con agua caliente de splash) se impuso el pasito “encendiendo el karting sin cebador” y “abro y cierro las puertas del tren para que suba la gente”. Aquí van algunas fotos que, créanme, valen más que mil palabras.

YMCA, ¡también lo bailan en New Zealand!



Se acuerdan del gesto de Xuxa, haciendo los famoso cuernitos que significaba “gente especial, los quiero mucho”, acá tienen a una de las paquitas.



A pedido del público femenino de este blog (cuak!), ¡el anti metrosexual del mes! (y para vos también, Carau)


Luego de la tanda de fotitos, prosigo contándoles qué más hicimos en todo este tiempo de silencio bloguero.

El eje argento-alemán compuesto por Tomás, Gerrit y Calino, decidió demostrar todo el talento con el balón al fútbol neozelandés, entonces fuimos a las pruebas del equipo de Havelock North. ¡Mamita, cómo llovió ese día! y yo fui con mis zapatillitas de trabajo (parecidas a las topper de lona, blancas). Imagínense que cuando llego me dicen “vos debés ser bueno, si viniste con esas zapatillas y encima sos Argentino, no queda otra”. Para qué… me pasé las dos horas en el suelo y en el partido me probaron de número 6 (defensa, para todo aquel que no esté familiarizado con las posiciones). ¿Cómo juegan los neozelandeses? Parecido a Racing, agarran la pelota y la tiran para adelante… jajaja. Una de las últimas jugadas, decido demostrar todo mi talento y en un saque de arco le pido la pelota al arquero, me gambeteo a dos, me resbalo y cuando me sacan la pelota nos hacen el gol… “fue por las zapatillas”, les digo… lo bueno es que pudimos seguir yendo a entrenar con el equipo como un mes más, hasta que Gerrit, exasperado ante tanta brutalidad futbolística (se rumorea que quieren a Caruso Lombardi como DT), dijo: “me cansé de jugar con estos kiwis que lo único que hacen es revolear la pelota, no vamos un carajo más…” y así fue. Rescato varias cosas de la experiencia, primero que nos mintieron como a unas quinceañeras porque nos habían dicho que jugando para ese equipo nos daban 20 % de descuento en una tienda de licores (Gerrit casi se pone a llorar cuando escuchó esto) y también nos habían prometido la presencia femenina en los entrenamientos (Tomás no paraba de peinarse en cada jugada), pero lo único que nos dieron fue una cerveza y la única mujer que vino fue la encargada del predio que tenía 72 años.

Al día de la fecha, llevo cumplido un mes enterito de recolectar frutas: manzanas y peras. La primera semana pensé que no iba a prosperar mucho el tema, ya que llegaba y me iba a dormir del cansancio que tenía, ahora aguanto un poco más. Tanta tela para cortar ha dado este tópico que me reservo todas las anécdotas para el próximo post.

Por lo pronto, los fines de semana (leáse domingos, ya que el picking es de lunes a sábado), me entretengo cambiando las bolsas de basura en Splash y haciendo funcionar la calesita del parque (sí, como están pensando, después de una temporada entera todavía no se dieron cuenta… ¡vamos, carajo!)

¡Y lo más prometedor del tema es que Nina lanzó su carrera como escritora!

Sepan también que el tsunami no pasó de amenaza aunque ayer fui a Napier (la ciudad costera más próxima) y había unas olas que daban miedo. Por las dudas, ya le hice con unas maderas un traje anfibio al baby “Fidy” Capella, así que estamos listos para cuando suba la marea. El otro día estaba chequeando y el auto modelo 87 todavía tiene las alfombras originales, ¿qué tul?

Me despido hasta el próximo post, no sin antes desearles muy buenas noches y mejores amaneceres. ¿Alguien sabe si ya anda el semáforo para ciegos de Diaz Velez y Medrano? Me despierto cada mañana con esta pregunta y en el diario de acá no dice nada. La última, ¿Qué es de la vida del Toti Pasman? ¿Sigue mamando? Grande Diegoooooooo.

Cuatro perlitas para terminar, la primera es un video



Aclaro, no son imágenes tomadas de policías en acción (aunque parezca) aunque recomiendo ver el mismo programa televisivo versión kiwi. Ya sé, lo primero que les viene a la cabeza es el negro de Locademia de policía y Mc phantom… parece filmado encubiertamente pero no tuve que entregar el rosquete ni nada para sacar esta cinta. ¡Talentosos los maoríes, che!



Moderate con el alcohol, mirá como podés quedar: negro y con más pelo.



Esta foto cambió la vida de mucha gente, casi tanto como la de María Julia en tapado (¿se acuerdan? ¡Que épocas!). Podés ser uno más. Animate.



¡Gracias por la magia, hasta la próxima!

lunes, 1 de marzo de 2010

Cagamos la fruta (por Nina)

Ante el prolongado silencio de Pablo para con este blog (“bloqueo de autor”, según sus palabras), he decidido tomar riendas en el asunto (así somos las mujeres, siempre completando el trabajo de los hombres…) y retomar la posta, aunque sea por esta vez. A los ya millones de fanáticos y leales lectores de Calino por el mundo les digo, no desesperen, es sólo por esta vez.

Me encuentro en este momento en plena maratón trabajística, desempeñando labores de vital importancia para la industria neozelandesa de lunes a domingo, los que ya proseguiré a contarles. (Pablo, para no ser menos, también está trabajando los siete días de la semana, pero eso ya se los contará él en el próximo post).

Los días de semana trabajo en una fábrica de frutas enlatadas (léase ensalada de frutas, peras en almíbar, etc.) Mi emocionante tarea consiste en pararme ocho horas al final de las dos cinta de producción, por la que corren millones y millones de peras ya peladas y rebanadas por máquinas (en cuartos y medios, respectivamente). Y ya que las máquinas nunca podrán reemplazar el trabajo del hombre, estas peras son luego maniobradas en la cinta por las expertas manos de los trabajadores, en su mayoría japoneses, argentinos y chilenos. Estos empleados se ocupan, cuchillo en mano, de darles el toque artesanal a las peras (sacarles los restos). Allí es cuando comienza mi trabajo, como decía, al final de la cinta: con un colador, tomo muestras de 6 o 7 peras salidas de la cinta y busco todo tipo de imperfecciones que puedan haber quedado, desde cachitos de cáscara, cabitos, pelusas, dedos de trabajador japonés, etc., (a los lectores neozelandeses, si los hubiere, quiero tranquilizarlos, hasta ahora no encontré ningún dedo de ninguna procedencia) y luego anoto los resultados. A eso le llamamos “control de calidad”.

Pero mis funciones no terminan ahí: cada una hora, además, llevo un par de muestras de las peras ya cocinadas y enlatadas al laboratorio, las abro y hago un segundo testeo de calidad, que consiste en medir con un instrumento (que francamente, no tengo idea como se llama, así que lo llamaré pichirulo) la dureza (o blandeza) de las peras ya cocinadas. Y de nuevo, vuelco los datos arrojados en una hoja. (Ahí es cuando siempre aprovecho para hacer un pequeño tercer testeo de calidad, donde mido qué tan ricas están las peras[1]).

Pero la verdad es que entre testeo y testeo, siempre me quedan baches de mucho tiempo libre, lo cual estaría bueno si pudiera aprovechar para hacer cualquier otra cosa en vez de tener que quedarme parada ahí, al final de la cinta de producción, mirando a los infelices trabajar. Como los que me conocen saben que soy un poco inquieta, lo que hago entonces es calzarme los guantes y, cuchillo en mano, me sumo a los infelices.

Para los que pensaban que trabajar en una cinta de producción en una fábrica es un trabajo aburrido, tengo que decirles, se quedaron cortísimos. Es un sinfín de peras circulando por una cinta que no para de moverse, ni cuando hay que estornudar, ni para suspirar, ni para rascarse el pupo. Mitos urbanos dicen que hay quien se ha lanzado sobre la cinta en busca de un suicidio seguro por rebanamiento. En nuestro caso, para paliar el aburrimiento, algunos optan por cantar, otros por silbar, otros por llorar, otros por planear atentados sobre fábricas de frutas enlatadas. En mi caso particular, como fui beneficiada con el don de la imaginación, mi mente se somete en esos momentos a una cadena interminable de pensamientos fútiles, casi siempre con el mismo inicio. Aquí les dejo algunos ejemplos:

Cadena de pensamientos n°1: “Qué verde que está esta pera. Me recuerda a “La Ola Verde”. ¿Qué será de la vida del tipo que hacía de Grock? ¿Y de Pelín? Esos programas no se comparan con los de ahora. ¿Vas a comparar a los Teletubbies con eso? “Oa! Oa!”… Pedazos de descerebrados... Con razón los chicos de ahora crecen tan salames. Y se vuelven floggers. ¿Seguirán existiendo los floggers en Argentina? ¿Seguirá siendo Cumbio uno de los ídolos nacionales? Ah no, cierto que ahora la reemplazaron con Ricardo Fort…”

Cadena de pensamientos n°2: “Qué verde que está esta pera. Me pregunto qué pasaría si le clavo este cuchillo al japonés este que está al lado mío. Probablemente se muera. Probablemente se llene todo de sangre. Y la sangre caiga sobre la cinta. Y termine sobre la lata de peras en almíbar. Eso no va a ser muy bueno para el negocio. Y tengan que cerrar la fábrica. Y me quede sin trabajo. Por ahí me conviene dejarlo para el último día…”

Y así…

Pero por suerte no todo son peras y asesinatos de japoneses en mi vida en Nueva Zelanda, ya que después de una ardua semana luciendo un mameluco -que por mis pequeñas dimensiones me asemeja más a un astronauta que a un obrero de fábrica- llega la recompensa: los fines de semana trabajo en un parque de diversiones!!! (Sí, el mismo en el que Pablo empuja a los gorditos que se quedan en el karting). Aaaahhh… eso sí que es felicidad. El sol… los juegos… los chicos en malla luciendo sus músculos… las sonrisas de los niños cuando dan vueltas en la calesita… la caca en la pileta del pequeño Johnny que no llegó al baño… el vómito en el piso de la pequeña Jenny, que se mareó en la calesita y dejó terrible pato… Sí, entre mis tareas en el parque se encuentra la de la limpieza, y ahí es cuando el ciclo de la vida se muestra en su mayor esplendor: en la semana veo el inicio de la cadena vital de la fruta (Pablo la recoge –ya les contará-, la fábrica las pela y las enlata)… y los fines de semana recojo sus desperdicios, que justo vinieron a quedar en el hoyo más profundo de la cancha de minigolf (el pequeño Timmy no llegaba al baño, esa vez, y entonces decidió hacer “hoyo en uno”). De ahí entonces, -y me disculpo por lo escatológico que se tornó de repente todo esto - el título de este post.

Pero bueno, la realidad es que la estamos pasando de maravillas en Nueva Zelanda. No, no es una ironía, es en serio (a pesar de que este post parezca indicar lo contrario), pero las partes divertidas ya se las contará Pablo. Solamente quise hacerles un pequeño relato de esta instancia del viaje por la que estamos transitando, que es la parte más “working” de nuestra visa “Working Holiday”. Espero que lo disfruten y me despido con un gran abrazo para todos, mientras sigo rezando por una pronta llegada de la parte “holiday” de la visa.

Nina


[1]Por si Adrian lee ese párrafo, no es robar!! Como yo lo veo… yo les hago el testeo de sabor y ellos me lo pagan con un par de pedacitos de fruta en mi estómago. Todos ganan.

lunes, 11 de enero de 2010

Cricket, ¿deporte selecto o pasión de haraganes?

Estoy indignado, francamente desconcertado y a la vez sorprendido. En un intento más de acercamiento a la cultura neozelandesa, acepté gentilmente jugar un partido de cricket. ¿Alguien sabe qué es? Cuando llegamos acá, vimos que en algunas ciudades había estadios profesionales (con tribuna y todo) adonde equipos se enfrentaban en un match de este “deporte”. “Que nabos”, pensaba yo, “quién puede venir a ver un partido de ese juego adonde hay que empujar una bocha con un palo a través de unos aros…”. Le chingué por una letra, eso es el Crocket. El Cricket es un juego bastante similar al beisbol aunque después de haber jugado un partido, no termino de entenderlo.”¿Me explican las reglas?” inquirí un tanto desconcertado, “vos bateá la pelota y corré”, me dijo una gorda que habían llevado y anotaba los puntos. Eso hice, pero todos me putearon porque “justo ahí no tenías que correr”. “Vayan a buscarse un deporte en serio, manga de flojos”, pensé. Después de que ambos equipos batearon, todos empezaron a levantar campamento sin el mínimo ánimo de cargadas o bromas. Me acerco a uno de los chicos y le pregunto “¿Quién ganó?”, “no sé”, me dice… Eso es este “deporte” y pongo la palabra entre comillas para impregnarlos con mi desconcierto. ¿¿¿Cómo mierda es posible que termine un partido de algo y nadie sepa quien ganó??? Mínimo, yo quería piñas.

“Hasta jugando al ajedrez transpiro más”, pensaba mascullando bronca entre los dientes. Me pasé gran parte del juego parado, esperando interceptar una bola que nunca llegó y encima cuando me tocó tirar (ser una suerte de “pitcher”, lanzador), como no sabía hacerlo todos se burlaban de mí. Lo único que atiné decir fue “¿por qué no jugamos a un deporte en serio?”, menos mal que fue en voz baja porque hubiera ofendido algunos egos.

Cricket: Juego en el cual hay mucha gente parada, dos personas bateando que tienen que correr de una base a la opuesta. El lanzador debe hacer picar la pelota antes de que llegue al bateador. Hay países que invierten parte de su presupuesto en este “deporte”. Las Damas son un juego más movido. Es uno de los deportes más populares de Paquistán.

Terminamos y tenía ganas de cargar a alguien o que por lo menos alguno se acercara y me dijera “los hicimos de goma”, pero ni eso… ¡a esta gente le falta sangre me parece, che!

Cambiando de tema, ayer hablé con mi casa y me dicen “acá hacen 39 de sensación térmica”, “a la mierda, se deben estar cocinando”, pensamos. Y fíjense que concepto extraño. En Nueva Zelanda jamás escuchamos hablar de la sensación térmica (ni siquiera en inglés, eh). Ahí fue cuando pensamos en cómo nos gusta agrandar las cosas a los argentinos. Cuando hacen 34 grados, decimos que hay 39 de térmica. Cuando hay 5 grados decimos que está 1 bajo cero, mirá que somos barulleros che. Entonces pensamos en cómo agrandar el relato de nuestra experiencia para la vuelta a la Argentina. Por ejemplo, coincidimos en que Nina está teniendo un acercamiento importante y enriquecedor a lo más intrínseco de la cultura maorí (limpia los baños del parque). Por mi parte, soy el manager encargado de transformar los productos de Splash Planet en resultados para nuestros clientes (controlo los karting). Como el parque no da abasto, me ofrecí para ser quien provea a los visitantes la mejor experiencia en repostería congelada que hay en Jastings (vender helados).También, tenemos muchas ganas de que la agricultura neozelandesa dé más réditos que nunca y abastezca a los mercados regionales de las más deliciosas manzanas (Apple picking) y por último, el auto que compramos no es viejo (los 23 años son pura experiencia en rutas)… ¿qué tul?

Tres perlitas para que no digan que no subo fotos copadas.


Viejos tiempos en Auckland. Pasamos más tiempo visitando el estadio que Nalbandian jugando el abierto. Seguro el conoce más boliches que nosotros.


Para los que me preguntaban qué fumo antes de escribir este blog (sobre todo vos, juan fiero y tus amigos chope, el monstruo de rulos y Luiii), acá está la prueba. Mushrooms=hongos. "Hongos Te mata, al cielo sin escalas"

Si no conseguimos trabajo en febrero, ya tengo la solución…


¡Arrivederci compatriotas!

lunes, 4 de enero de 2010

Harry Potter, el Splash Planet que no miramos

-Hola Pablo.

-¿Que hacés Potter? Llamó Voldemort y dijo que hay que bronca porque no le llegó el paquete y además pegunta si se puede quedar una semana más con tu prima.

-Oka, que le de para adelante, el paquete se demoró en aduana.

Dicen que esta conversación se escuchó en Splash Planet y uno de los protagonistas era justamente, el Harry Potter de nuestro staff. Para que vean que no miento, acá va la foto (el de la derecha, demás está aclararlo).


Cada vez que lo veo le digo: “Potter, do your magic!" (Potter, ¡hacé tu magia!), los primeros días se enojaba, ahora que hay confianza está todo bien. También le pregunto por Rodney y Hermione, pero sigue mirándome raro. El otro día nos invitó a jugar Quidditch, como no podía ir, le dije que tenía mi escoba en el mecánico. La que está al lado es Stacey, una de las ride operators.

Después de hablar con varios en intercambiar mails con algunos otros, espero que el año nuevo los haya recibido con lo mejor del banquete. Por lo pronto, nosotros fuimos a festejarlo a una ciudad que queda cerca de acá llamada Napier y disfrutamos un lindo show de fuegos artificiales. Fue gracioso lo que nos pasó, ya que nos encontramos con unos amigos en la playa y ellos estaban tomando un espumante del pico. Después de ofrecernos y hacerle honor al vinazzi, nos dicen “hay que terminarlo antes de que venga la poli, si te ven te lo incautan”. Dicho y hecho, llegó un grupo de migilantes neocelandeces y se termino la fiesta. Se nos acercó una mujer que nos dijo “¿esto es de ustedes?”, señalando a la botella que estaba en el piso. “Ehhhh, no, no sabemos de quién es”, y la muy turra agarró el vino y con la mejor sonrisa lo dio vuelta y a la pacha mama volvió. “Miren que pueden ir presos por esto”, ¡pero rajá de acá, ortiva! ¿Se lo imaginan en Argentina, cámara de policías en acción mediante?

Como había subido fotos de la noche solamente, aprovecho para mostrarles la playita que conocimos el día de Navidad, se llama Waimarama y queda a 40 minutos de Hastings. Lo que más nos impresionó fue ¡¡¡que había gente!!!


Miren que lindo el paisaje. Apu, MI amigo personal, cerró el minimercado por un rato y se vino a festejar con nosotros. “Indio mirando al sudeste con binoculares”. La autora es Nina.


Nina, no te pases de alcachueta y sacate la gorra de Splash Planet que no hay nadie mirando…

¡¡¡Gracias mi amor por tanta tela para cortar con tus caras y sonrisas!!!


Calino y Tomi caminando por la playa. Me gustaría que encuentren el detalle que distingue el paisaje de esta foto de todas las otras del blog… ¡Sí, hay gente de fondo!


Mate y Truco celestes y blancos, ¡Aguante Argentina, carajo!



Esta es la única foto decente de fin de año. Napier 2010.

Como no podía ser de otra forma, nos metimos en el mar, agua fría como la de mardel pero bien limpita. La única diferencia con la Bristol era el promedio de gente por cada metro cuadrado de arena.

Para no ser menos, Splash Planet estuvo teniendo un promedio de 2000 boludos por día visitando el parque, así que llego a mis días libres un poco cansado.

Jastings nos deja mucho tiempo para pensar, tanto que el otro día disutimos sobre lo injusto que es el idioma castellano con la palabra "pedo", puesto que a pesar de usarla hasta el hartazgo, no tenemos un verbo que repersente a la acción misma. El inglés sin ir más lejos, cuenta con el verbo "fart" que es igual que pedo y se utiliza para cuando alguien expulsa gases (the lady is farting, la dama se está tirando pedos). Como verán, estamos aprendiendo muy rápido de la cultura neocelandesa.

Les hago una pregunta a todos en general, puesto que estuve viendo los diarios argentinos y mi navegador parece tener un problema de actualización (se quedó con los pasquines de los 90). ¿Vuelven Carlos Saúl y El cabezón Eduardo a competir por la banda presidencial? Por favor, avísennos así empezamos a tramitar la ciudadanía de cualquier otro país…

¡Hasta la próxima!

lunes, 28 de diciembre de 2009

Felisa me muero

Resulta extraño haber pasado una navidad sin que alguno te pregunte al día siguiente: “¿tiraron muchos fuegos artificiales por tu casa?”, aunque la obvia respuesta aquí hubiera sido: “No gil, si acá está prohibido”. Aunque mi gran frustración será a la medianoche del 31, sin algún tío empinado (choli, esta es para vos) que venga y me diga “Felisa me muero”, parafraseando el popular chiste. Y aquí empiezan a jugar las barreras idiomáticas, porque en la Argentina, todos entendemos a lo que nos referimos, pero imagínenselo en Nueva Zelanda: “Felisa, I am dying”. ¿Qué pasará tras cartón?

Primero: el nombre Felisa no es tan popular, nadie se dará por aludido.

Segundo: No tiene ninguna correlación con “Happy new year”.

Tercero: Llamarían a una ambulancia a través del 111 porque no entienden la ironía.

Cuarto: La ambulancia llegaría en 2 minutos, puesto que aquí las cosas parecen funcionar mejor.

Quinto: Nos atenderá un médico oriental de corta edad que nos tratará de vender una internación en una clínica Neocelandesa a causa de nuestro supuesto problema cardíaco.

Sexto: Al negarnos y tratar de explicar la joda, es convocada la Federal de Jastings y terminamos festejando en la comisaría.

Después de haber pasado una navidad con nuestros nuevos amigos, comenzaron las despedidas y nos quedamos solos como loco malo. La mayoría de los chicos han emigrado al sur y pasarán fin de año en Wellington. Nosotros seguimos firmes junto al pueblo y recibiremos el año nuevo en nuestra ni tan “alegre” ni tan “ciudad”.

Para no ser menos, el gordo Noel se ha hecho presente por estas tierras y me trajo algunos regalos a saber:

2 libros

1 Caja de chocolates Favourites

1 gorro de cowboy (adjunto la foto)


El 24 tuvimos un brindis con la gente del trabajo y cada uno tenía que llevar un regalo sorpresa para otra persona, modalidad denominada “Secret Santa” (¿no suena a nombre de operación encubierta del FBI?), alguien me regaló este lindo gorro. La bolsa amarilla es la basura que tenemos en la pieza.

Aquí van algunas fotitos de nuestra navidad a pura comida alemana. Nos llevamos una decepción grande cuando alguien trajo chucrut y los alemanes nos dijeron que lo llaman de otra forma, ¿quién le puso chucrut a esta comida si no fueron ellos?


¡Las chicas alemanas se mandaron un cerdo de la ostia! no le dejamos ni la piel... (Gerrit, el rubio - Claudia, la cheff- Manu, sin cabeza)



Tomy, uno de los anfitriones, en plena faena


Después de semejante comilona a las 7 de la tarde, nos quedó mucho tiempo e hicimos partidos de "trugo", según la pronunciación alemana. Es increíble como seres correctos e impolutos (los alemanes) pueden adoptar la mentira tan fácil como lo hicieron para jugar al truco... ¡parece mentira, che!


Primera foto después de mucho tiempo en la que Nina no sale poniendo ninguna cara especial


Regalo de Navidad para los alemanes, no nos pudieron ganar ni un partido. Cada vez que terminabamos de jugar se iban diciendo "con ustedes no se puede jugar, viven pidiendo todas las pelotas, se tiran, inventan, juegan sucio, es imposible así"... y eso que no fueron para la Argentina


Despedida de las chicas que ya deben estar en Wellington, como siempre, ¡comiendo! Picadita esta vez


Cape Kidnappers

En mis días libres también aprovecho para recorrer un poco. A 20 minutos de Hastings se encuentra el acceso a un lugar llamado Cape Kidnappers (sí, cabo de los secuestradores, nombrado así en honor al Gordo Valor maorí). La condición para visitarlo es ir cuando la marea está bajando, ya que el agua cubre gran parte de la playa para llegar. Allí nos dirigimos con Tomi (argentino), Gerrit, Claudia, Manu y Alex (alemanes). Nos esperaban 2 horas de caminata por la arena para llegar al cabo propiamente dicho, en resumen, 4 horas a pie. Cuando bajamos del auto, los únicos que habíamos llevado botas de trekking eramos Tomi y yo, los alemanes en ojotas… ¡¡¡cero naturaleza!!! Más que obvio, los únicos dos que llegamos hasta el final de la caminata fuimos los argentinos, el resto de los chicos plantó bandera antes y se volvió a los autos.

Grata sorpresa nos encontramos en el cabo, adonde hay una reserva de unas aves llamadas “Black Reef” aquí van las fotos.

El Cape Kidnappers todavía está lejos, pero realmente lo vale


Los Alemanes todavía nos llevaban la delantera, no fue por mucho tiempo igual


La gorra me la encontré en Splash Planet, la campera ya la conocen

Todavía no se que querrá decir el slogan de la gorra, pero me quedaba un poco chica asi que no la uso más


Hermosa vista, ¡volvemos a las fotos sin nadie de fondo!



Les presento a los Black Reef



Este es el Cape Kidnappers, aparentemente hubo un asunto con James Cook y unos forajidos maoríes que se quisieron comer a un cocinero de él, la justicia está investigando, así que cuando sepamos lo posteo


Jipi y Gonza, esta foto va por ustedes que espero vean el blog y se deleiten con estos bichos, jajaja

Por último, 3 perlitas que no quiero dejar afuera de este post de fin de año:


Este es el logo de nuestro ciber (somos casi inquilinos), ¿tendrá algo que ver con Swiss Medical Group? Lo atiende el francés Emori, que desde que llegó solo aprendió a decir “have a good night”. Groso.




De yapa, ¡miren la clínica que encontramos en el pueblo de Havelock North! Me parece que les faltó un poco de asesoramiento en la parte de marketing, otra que el Dr. Cureta y la Rimolo.




El sueño del pibe... ¡gracias totales!

¡Les mando un abrazo grande a todos!

FELIZ 2010